Contemplación, el camino místico olvidado por los cristianos

WILLIGIS JAEGER

A raíz de un comentario de Carlos, me acordé de esta entrevista que me gustó mucho.  No sé cual es la fuente original, en su día la encontré en formato pdf y la tengo guardada. Si la quieres descargar para una lectura más cómoda, pincha aquí: Artículo de Willigis Jager O.S.B. En el siguiente post, dejaré un ejercicio de caminar contemplativo propuesto también por el Padre Willigis Jager. Espero que os guste.


En el marco entrañable del convento de San Juan de la Cruz de Segovia, en una tarde soleada y apacible, nos recibe el P. Willigis Jager en el despacho de amplio ventanal. El aire está impregnado de fragancia de mirra. El P. Jager ya es conocido en nuestro país desde el año 1982, cuando por primera vez vino a dar un curso. Es autor de varios libros y escritos. Traducidos al español hay: «La oración contemplativa según san Juan de la Cruz» (Edit. Obelisco) y «Contemplación, encontrar a Dios hoy» (Edit. Narcea, Madrid). En preparación: «En busca del sentido de la vida».

El P. Willigis reúne en sí las características de ser monje benedictino y a la vez maestro Zen, discípulo de Yamada Roshi.


¿Como definiría usted la contemplación?

Toda religión, aparte de sus enseñanzas, rituales y liturgia, o sea, de los elementos esotéricos, conoce un camino a la experiencia, es decir, un camino esotérico. Y en el cristianismo, durante toda la Edad Media, se utilizó el término «contemplación» para el sendero que conducir a la experiencia de lo divino. Diferenciamos entre tres grados en la oración cristiana: Sigue leyendo Contemplación, el camino místico olvidado por los cristianos

Tarde Te Amé

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¡Tarde te amé,

hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

Y he aquí que tú estabas dentro de mí

y yo fuera, y por fuera te buscaba.

 

Y deforme como era,

me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo.

Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,

si no estuviesen en ti, no serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera;

brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;

exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti;

gusté de ti, y siento hambre y sed,

me tocaste, y abraséme en tu paz.

San Agustín, Confesiones, X, XXVII

Lugar de Encuentro

Esta entrada está pensada para utilizar el espacio de comentarios para compartir vivencias personales, dar a conocer grupos de oración, talleres o retiros, buscar personas para iniciar grupos en lugares donde todavía no hay uno, plantear dudas y consultas… etc.

A esta web llegan muchos comentarios de gente buscando grupos u otras personas para la práctica de la Oración Centrante u Oración Contemplativa, quizá aquí podáis encontrar o formar vuestros propios grupos.

Este blog pretende ser un espacio abierto para todas aquellas personas que quieran participar en él. Así que aprovecho para decirte que si tienes algo que aportar envíamelo y será publicado (sobra decir que siempre y cuando sea acorde con el tema que nos ocupa), o te daré permisos de usuario para que lo publiques tú mism@.

La meditación cristiana, una introducción.

Artículo escrito por Teresa Guardans y publicado en la página web del CETR.
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Practicar el silencio significa trabajar para silenciar el yo, con el propósito de hacernos aptos a aquel conocer que se produce más allá del “yo” y del mundo que el “yo” construye. No se trata de un conocimiento que se pueda adquirir, no se trata de llenar más y más las alforjas, se trata de poder hacer pie en el núcleo de nuestro existir, en la esencia, en el “centro”, que es el Uno, el Absoluto…: “el centro del alma, Dios es”, afirma Juan de la Cruz.

Objetivos y métodos de la práctica del silencio según San Juan de la Cruz y Teresa de Jesús

Practicar el silencio significa trabajar para silenciar el yo, con el propósito de hacernos aptos a aquel conocer que se produce más allá del “yo” y del mundo que el “yo” construye. No se trata de un conocimiento que se pueda adquirir, no se trata de llenar más y más las alforjas, se trata de poder hacer pie en el núcleo de nuestro existir, en la esencia, en el “centro”, que es el Uno, el Absoluto…: “el centro del alma, Dios es”, afirma Juan de la Cruz. La Sabiduría de Dios, en que se ha de unir el entendimiento, ningún modo ni manera tiene, ni cae debajo de algún límite ni inteligencia distinta y particularmente, porque totalmente es pura y sencilla. Y como quiera que para juntarse dos extremos, cual es el alma y la divina Sabiduría, será necesario que vengan a convenir en cierto medio de semejanza entre sí, de aquí es que también el alma ha de estar pura y sencilla, no limitada ni atenida a alguna inteligencia particular, ni modificada con algún límite de forma, especie e imagen.
(Subida al Monte Carmelo II,16,7)

Todos los aspectos de la persona, todo aquello que configura nuestra consistencia personal (entendimiento, memoria y voluntad, si hablamos en las categorías de su tiempo; mente, intelecto, historia personal, memoria individual, sentir, deseo, acción…) deben “reformarse” de la egocentración a la desnudez, al vacío más absoluto, a la libertad de toda forma, para poder encontrarse con lo que no es forma ni figura. Un encuentro que no puede ser otra cosa sino “unión”.

¿Cómo? El salto, sin trampolín, de la egocentración a la desnudez, no es posible. ¿Qué proponen? Trabajar para aumentar ese deseo, esa decisión, para acostumbrar la mente y el sentir a andar ligeros, a la percepción a intuir en el silencio sutil… La práctica consistirá en eso: en ese trabajarse, sutilizarse, reformarse, para hacerse capaz de Aquel, de aquello, que escapa a cualquier forma y cualquier concepto, pero que todo lo es.

Y así, si acerca del obrar con las potencias sensitivas, que es meditación y discurso, o acerca de lo ya recibido y obrado en las potencias espirituales, que es la contemplación y noticia que habemos dicho, no estuviese el alma empleada, estando ociosa de las unas y de las otras, no había de dónde ni por dónde se pudiese decir que estaba el alma empleada. Es pues necesaria esta noticia para haber de dejar la vía de meditación y discurso. (La dificultad que surge es que esta noticia general de que vamos hablando, es a veces tan sutil y delicada que el alma no la echa de ver ni la siente (Subida II,14, 10-11)

(…) De donde se sigue claro que, como el alma se acabe de vaciar de todas las formas e imágenes aprehensibles, se quedará en esta pura y sencilla luz, transformándose en ella en estado de perfección, porque esta luz nunca falla en el alma; pero por las formas y velos de criatura con que el alma está velada y embarazada, no se le infunde. Que si quitase estos impedimentos y velos del todo (…) el alma se transforma en la sencilla y pura sabiduría (…)aprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento… (Subida II,15)